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Laura Casas, Antonio Chamu, Jessica Clark, Laura Quijano, David Díaz, Iván Molina. Posibles futuros. Cuentos de ciencia ficción. San José, EUNED, 2010, 92 páginas.
Presentación Posibles futuros
En el texto Posibles futuros encontramos, entre otras, la relación entre lo humano y lo no humano, o quizás más bien la no relación, como una forma manifiesta de desencuentro entre lecturas en torno al mundo que no logran encontrarse o dar una con la otra.
Ya en “Los túneles de la memoria” nos damos cuenta de que Tomás se “humaniza”, que comparte manifestaciones humanas, pese a no ser un humano, y que se pasa por el proceso de metamorfosis que implica en el ser humano la pérdida de la memoria, de “la vida” como tal. Ya de hecho su propio nombre Tomás, de una manera simbólica, remite a esa búsqueda de la evidencia que me confirme lo que no se percibe sino por medio del recuerdo. Es la necesidad de ver para confirmar el creer.
Es un espacio en el cual la metamorfosis por la cual han pasado los seres como Tomás revela la forma de adaptación en el mundo de las profundidades, un espacio desde el cual construyen y reconstruyen el conocimiento, tanto de lo anterior, de lo pasado, como de su propio presente.
Este relato nos planeta un descubrimiento, y allí nos damos cuenta de que la memoria es la fuente de la vida, en donde precisamente recordar es de nuevo vivir el pasado y la nostalgia como una manera de no “perderse”. Es así como pasamos por un trayecto en donde claramente los recuerdos duelen cuando se recuerdan, cuando se rescatan, pero también es el duro tránsito de un mundo en donde no siempre existe la posibilidad de atraer todos los recuerdos.
Por ende, la historia del relato, curiosamente, lo da la memoria de la cual se carece, pero que se va presentando a pesar de la imposibilidad de ser retrotraída.
Y es que el ascenso al arriba está no solo en la memoria sino en la capacidad de adaptarse a esta memoria y empezar a desarrollarse en ese mundo que contiene a los personajes.
La vida, por ello, no tiene salida; así Tomás se da cuenta de que vive una muerte perpetua de la que es incapaz de escapar, pero de igual forma se intenta la vida como camino, a pesar de que la muerte se impone. En definitiva, en este relato nos damos cuenta, a partir de la lectura, de que sin cerebro no hay vida, plantea el texto, y la vida no tiene oportunidad para manifestarse, aun cuando busque desesperadamente recurrir a la memoria como una vía probable.
En el cuento “La onceava generación” el espacio urbano es probablemente uno de los grandes temas, justo en un mundo en donde los seres humanos se han extinguido y los robots, revestidos de “humanidad”, “humanizados” en otras palabras, son los nuevos habitantes, los habitantes modernos.
Al igual que en el anterior relato, en este los robots comparten, por lo tanto, cualidades humanas de todo tipo, a pesar de las diferencias exteriores que los puedan contraponer.
Es por ello que el mundo comienza a adaptarse a los robots, que devienen, así, en los nuevos protagonistas del mundo y de la “vida”.
No obstante, la aparición de la mujer en medio de todos ellos se vuelve algo así como una manifestación de la Eva, lo que viene a romper el “equilibrio” establecido hasta el momento. Produce caos entre estos.
Luego de nuevo el ser humano retoma el gobierno lo que hace que los robots se pongan a su disposición, como una nueva forma de coloniaje.
En medio de todo ello se prepara el parto de la mujer, organizado precisamente por los robots, lo cual deriva en el nacimiento de un robot quizás, no de un ser humano, y ello da pie, finalmente, para una nueva generación de robots, un mundo desconocido, ajeno, el mundo de la onceava generación, un mundo que rompe con lo que hasta ahora nos es lo conocido.
En el cuento “Frente frío” nos encontramos con la presencia temática de elementos de una relevancia indiscutible: el problema del terrorismo, la contaminación del agua, el crecimiento desmesurado del hielo con las repercusiones claras de esto o derivado, más bien, del enfriamiento del planeta, con todo lo que ello implica. A pesar de lo que podría pensarse, es sin embargo la lucha por el agua el aspecto eminentemente central del relato, a tal punto de que incluso el contrabando de esta adquiere espacio preponderante dentro de los delitos llevados a cabo. Aunado a ello, la problemática del ambiente se asume como un factor también vital dentro de la contextualización que efectúa la historia descrita.
Dentro de tal problemática, reiteramos, la lucha ambiental genera el movimiento de intereses millonarios, lo cual beneficia a unos cuantos pero igual perjudica a las grandes mayorías. Con tal fin se pretende enfriar el planeta.
La situación genera un caos que se convierte en un negocio para unos cuantos a costa del sufrimiento y los inconvenientes de las grandes mayorías. En definitiva, el agua se convierte en el gran negocio en medio de la locura general que la problemática trae consigo. En este relato nos hallamos ante un tema que desde hoy adquiere una preponderancia vital, por cuanto la actualidad de su abordaje nos espeluzna y nos trae a colación la realidad ya no de unos pocos, sino de muchos en pleno siglo XXI.
Incluso, el envenenamiento del agua, y el tráfico de esta, reafirman los intereses del algunos grupos que buscan usufructuar a partir de esta, pues al contaminarla se permiten vender a un mayor precio la que queda pura, y lo mismo el oxígeno que aún se hace respirable cuando la activación provocada de los volcanes, se vuelve incontenible.
De hecho, hacia el cierre del relato aparece una idea que amenaza con poner en jaque el dominio establecido hasta el momento, y es el hecho de que en adelante, con tales medidas, será el sur el que pase a dominar al norte, propuesta peligrosa para algunos, pero clara y atractiva para otros. No es casual lo que ocurre con la actual situación en América del Sur, no visto ello como una amenaza, sino como una forma de lucha por la dignidad y la defensa de lo propio y de los ideales.
Con respecto a “La tropa”, un corte representativo en el tiempo relatado, de quince años, nos comienza a introducir en el meollo del relato, en donde las correrías de los niños, por siempre amigos, personajes principales del relato, reafirman la amistad de estos en su etapa de niños-adolescentes.
El hallazgo de una nave espacial les trae una revolución en y a su mundo para la cual no están preparados, y habría que pensar por lo demás si nosotros lo estaríamos; ello se conecta de inmediato con el tema del agua y la intromisión de los gringos como los grandes interesados en lo que ello implica.
El tema de fondo del relato nos pone en evidencia de nuevo una de las grandes preocupaciones de la humanidad en este presente de caos y de posmodernidades: el agua como un recurso valioso, y las implicaciones que la carencia o la tenencia de esta tendrá en el mundo futuro, de hecho, más precisamente, en un futuro próximo. La literatura se convierte, por ello, en una llamada de atención y en un discurso que reflexiona acerca de sí mismo, pero que igual nos empuja a reflexionar en torno a nuestros actos y en sus repercusiones.
En “Sputnik” el relato nos ubica en el futuro, año 2107, justo en un momento en que el periodismo y la farándula ocupan un espacio importante dentro de la conformación del mundo y de las relaciones, como una forma de hacerse como sujeto y (de) construir la noticia.
El tiempo ocupa también un lugar vital, en tanto parece ocupar el rango de un personaje más, en la medida en que su presencia implica el conocer y desconocer el momento, la época.
Al lado de ello aparece un tema siempre presente: el de las ideologías y el perenne desencuentro entre capitalismo y comunismo, y lo que representan los viajes espaciales como una forma de poner en un desencuentro mayor lo que esto implica desde las percepciones de mundo que construyen tales lecturas antagónicas.
Con base en lo anterior, el texto construye también una síntesis de lo que significa la imposibilidad de hacer similares las lecturas del pasado con las del futuro, en la medida en que cada una de ellas se contrapone.
En medio de tales acontecimientos, el sputnik deviene como gran eje, como el acontecimiento, como la promesa para todos y cada uno.
Es un mundo de ciencia ficción en donde nos encontramos con lecturas posibles, y en las cuales el pasado sigue ocupando, dentro del imaginario un espacio idílico. Ello sin dejar de lado que el aspecto religioso “amarra” una perspectiva que implica una contraposición entre la creencia y la tecnología, como se desprende del texto, en el momento en que se describe la presencia de Carlos Luis Fallas, en el año 1957, cerca del Parque Morazán. Este, por lo tanto, se construye como la figura, como la representación de lo ideológico, sin que el texto obvie, en algún instante, la emergencia de lo erótico, como una forma de percibir el pasado, sin lugar en el mundo futuro, carente ya de los afectos “primitivos” de nuestros antepasados y de nosotros mismos.
En definitiva, en este texto se podría pensar o concebir la idea de un futuro carente de amor, o al menos, con una concepción muy distante de la nuestra, en donde el sexo ocupa una lectura que ahora escapa de la que manifestamos en el presente inmediato, y en donde los matrimonios pierden vigencia, los lazos son otros, las percepciones otras, la humanidad tiene un estilo de vida que ha dejado atrás las “comodidades” e “incomodidades” de nuestro presente y pasado. El rompimiento entre lo pasado, presente y futuro, desde tal perspectiva, parece convertirse en la ironía de lo que representa el leer e interpretar el mundo según la perspectiva, la visión del entorno y la relación con los demás, con los mismos y con los Otros.
Finalmente, en “Flor del crepúsculo” encontramos la idea de un tiempo agreste, de donde no escapa la acción de los seres humanos como partícipes de lo que ocurre, como los grandes protagonistas de una historia en la cual son los verdugos, pero por lo general se asumen como víctimas.
Es un mundo en el cual, ya desde el epígrafe del relato, nos encontramos ante un mundo apocalíptico. Un universo en el cual la tierra, ahora seca en la mayor parte del mundo, se constituye en una añoranza del pasado para la mayoría, mientras en otros espacios en los cuales la situación de país paradisíaco, debido a las condiciones climáticas se volvía imposible, es ahora ua realidad. Es la alteración del orden establecido en lo que al manejo y a la relación con la naturaleza y el ambiente se refiere.
En medio de ello nos encontramos ante la espera, la espera permanente por parte de la pareja de ancianos. Mientras, el tiempo continúa su marcha, y los padres, los protagonistas de la historia, miran cómo ese tiempo los carcome, los va envejeciendo, mientras la espera es la huella, la marca predominante de sus vidas, lo que les da aliento para seguir esperando, mientras la madre entra en un proceso de agonía.
De nuevo aparece un elemento vital en el futuro y siempre en la historia de los hombres y las mujeres: el agua, solo que ahora como un bien escaso, y en donde la existencia de las guerrillas tiene como punto importante, vital dentro de su lucha, como lo es la conquista de ese bien.
Mientras tanto, la pareja asimila, de alguna manera, la existencia de la flor con la del hijo, pues precisamente es la espera del nacimiento de esta y el regreso de aquel, una especie de relación conjunta, simbiótica, que impulsa la reiterada espera como la única posibilidad para motivar la existencia. Desde tal concepción, lo fatalista, la batalla existencial, está marcada por el dolor de lo no concretado. Esto precisamente porque la espera se concibe como una expresión de lo lejano que no termina de materializarse como posibilidad de acercamiento y de concreción. En el fondo, ambos, ya derrotados y conociendo lo que ha de ocurrir, insisten en la quimera de una espera imposible. Es la mejor manera de aferrarse al mundo y de continuar “viviendo” en medio del caos y de la muerte simbólica que los golpea desde hace años.
Los daños causados al ambiente se vuelven irreversibles, y el aumento de tres grados en la temperatura del planeta produce efectos devastadores para grandes poblaciones, hasta el grado de exterminarlas por completo.
De tal forma, el relato construye, en medio del pesimismo propio de lo que ocurre, un hálito de esperanza para ambos. Elena está siendo minada por la enfermedad, pero tiene un sueño recurrente, el cual le remite a un pasado en el cual todo fue mejor, casi idílico. Surge de nuevo la idea de que todo tiempo pasado fue mejor, al menos es lo que se deriva de las acciones y del presente inmediato en que estos viven o sobreviven.
Un mundo de guerras, de aniquilación es el presente del relato. Atrás queda lo demás, y surge el deseo o la lucha por la sobrevivencia, a la cual se aferran todos. La ausencia del hijo es precisamente eso, la ausencia de quien fue a la batalla para no regresar, lo que pone en evidencia la locura y la crueldad de lo bélico.
En ese mundo presente la nostalgia y la soledad son los elementos que dominan el carácter de los seres humanos., y las sueños, o más bien pesadillas que en ocasiones sufre Pablo, no son más que la reafirmación del caos que ahora los consume y les preparara el final.
La tierra se va calentando, mientras tanto, producto de un efecto invernadero que altera absolutamente todo: desborde de océanos, propagación de revueltas, golpes de estado, muertes y más muertes. Seres humanos y animales se van extinguiendo, a causa de los actos descontrolados de los primeros. ¿Acaso es solo la locura de un relato? La amenaza que el texto plantea es más bien la plasmación de una problemática continua desde hace décadas, como producto de los actos caóticos acelerados provocados por el hombre en general.
En medio de todo ello, la pareja de ancianos se aferra a una esperanza, justo en un espacio de desesperanza. La carencia predomina por sobre todo lo demás, y da como causa el espíritu derrotista que acoge el texto. Es la lucha del hombre contra el hombre, en donde la impunidad ocupa el lugar primero.
Todo en el mundo se vuelve contra los seres humanos: los cascos polares se derriten, no hay alimentos, hay guerra, hay destrucción, la humanidad se va extinguiendo, no existen salidas viables, el agua disminuye y todo parece irse volviendo un desierto. El calentamiento de la tierra es una realidad que los avasalla. El surgimiento de tormentas permanentes son la realidad palpable de cada día. El desconsuelo es ahora la norma humana.
La idea de la flor en el título se vuelve paradójica, en tanto descarna un ideal de paz, de tranquilidad como parece sugerirlo desde el enunciado mismo, para desvirtuarlo, lo cual se corrobora con la pertenencia de la flor: del crepúsculo, como lejanía, como el final de la tarde; en este caso, como el final de la humanidad, de todo.
Ya ni siquiera el sentimiento de grupo existe, sino solo el individualismo como manera plena de sobrevivir en medio de la nada y en medio de lo que queda; de allí que la permanencia de la pareja que sigue esperando, sea una especie de excepción en medio del espíritu generalizado de desencanto y de odio.
El nacimiento de la flor es el renacer, y la confirmación de una esperanza que no se deja vencer. De allí que la flor y el hijo sean uno, pues la espera de la llegada de este sería el renacer de los padres que, lentamente, ven como se les escapa la vida en medio de la espera inútil por el hijo que no ha de llegar. De igual manera, es la esperanza por el brotar de una flor que, igual, saben que no ha de florecer.
La oscuridad que reina en el mundo es la oscuridad que prevalece en el espíritu de cada uno. Entorno y ser humano son uno, se entrelazan. La muerte y la destrucción de uno son el acontecer del otro. La salida o el fracaso definen el devenir de ambos. La espera es la frustración ante lo que no ocurre; la muerte es el resultado lógico para ambos. El encuentro, con el joven de la aldea, totalmente derrotado, abatido por la muerte de los suyos, es el sentimiento final del anciano, ante la maceta muerta de una flor que jamás vio la luz, ante el mundo destruido que abriga más muerte, ante la llegada imposible de un hijo al cual él sabe muerto desde siempre, ante la muerte de una hija a la cual perdió desde mucho tiempo atrás, ante el cadáver de la esposa que muere abrigando una esperanza.
Posibles futuros, en fin, es más que un título; es la confluencia de diversas visiones en torno a un futuro que se nos hace inmediato, y que nos obliga a tomar conciencia acerca de cuáles han sido y han de ser nuestros actos, a partir de nuestro pasado, en el presente que estamos construyendo cada día, y en el reto de un futuro que está a la vuelta de la esquina. ¿Mundos de ciencia ficción o realidades mediatas que nos circundan o a las que nos aproximamos? La lectura abre una discusión, y ese es nuestro gran reto esta noche.
Óscar G. Alvarado V. |
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