LETICIA DE OYUELA. EL ARTE NAIF EN HONDURAS. TEGUCIGALPA,
SECRETARÍA DE CULTURA ARTES Y DEPORTES,
UNESCO, 2007, 110 pp.

Rolando Sierra Fonseca

Recibido 30 de mayo de 2008
Aceptado 14 de agosto de 2008

Irma Leticia de Oyuela es una escritora que mantiene una producción sistemática y sostenida en el ámbito de los estudios histórico-culturales en Honduras. Sus obras invitan a la consulta cotidiana y permanente, por ocuparse ante todo de temas sugerentes, garantes de una riqueza documental y de una creativa e imaginativa interpretación de los procesos socioculturales del país.

Nació en Tegucigalpa el 20 de agosto de 1935. Desde muy joven incursionó en los estudios de la historia del arte hondureño. Su tesina como Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto Central tuvo como objeto de estudio la historia del arte colonial en Honduras. Después de realizar estudios de Derecho en la UNAH, viaja a España e Italia, donde se va especializando en historia del arte, por medio de cursos libres en la Universidad de Madrid y en el Instituto Antonio Gramsci de Roma.

Al retornar a Honduras en la década de los sesenta se incorporó a la Universidad Nacional Autónoma, teniendo a su cargo la Dirección de Extensión Universitaria, lugar desde donde desempeñó una gran labor de promoción cultural, proporcionando un fuerte impulso a los creadores de los campos artísticos y literarios, incluyendo el teatro en sus diferentes órdenes.

Retirada de la docencia, se lanzó a la labor editorial, haciéndose cargo de la Editorial Nuevo Continente y de la Galería de Arte Leo, donde continuó impulsando las diversas formas artísticas y estéticas.

Sin embargo, ha sido en el campo de la investigación de la realidad histórica hondureña donde ha desarrollado todo su potencial creativo y reflexivo, aunque, como muy bien ha explicado Helen Umaña: “A Leticia de Oyuela la mueven dos pasiones acerca de las cuales no es dable establecer prioridades: amor por el arte y fascinación ante la historia”. Así, la obra de Irma Leticia se caracteriza por su extraordinario sentido de captación de la historia de Honduras, a través de la estética, la vida cotidiana, las mentalidades y la historia de las mujeres, desde una perspectiva, en palabras de la misma Helen Umaña, “heterodoxa y desprejuiciada” en la que “amalgama la visión racional con la intuitiva-emocional”.

De la combinación de sus pasiones por el arte y la historia resulta una de sus obras más creativa e imaginativa: La batalla pictórica. Síntesis de la historia de la pintura hondureña. Como ha expresado Ramón Oquelí, en este libro: “Irma Leticia de Oyuela ha prestado especial atención al combate emprendido por nuestros pintores para llegar a dominar las técnicas, lograr el conocimiento del público e influir en el entorno social”. Se trata de un libro, según el mismo autor, donde se reúnen “teorías, observaciones, opiniones, documentos e ilustraciones relacionadas con el arte pictórico, añadiéndoles la esperanza de que la sociedad hondureña llegará a superar las continuas frustraciones que constituyen la textura mayor de nuestra historia, exangüe en unos períodos, trágicamente convulsa en otros”.

En esta misma línea de comprender historia y arte, puede ubicarse también su libro: José Miguel Gómez. Pintor criollo (1992), en el que describe el “entorno vivencial que caracterizó aquella sociedad minera, celosa y poblada de rumores provincianos, donde las noticias de la capital del Reino se entremezclaban con las de Comayagua antañona o las de la reciente visita del Obispo a la Villa” (Vinelli, P.) y también complementada en: La Virgen María en la Plástica Hondureña (2000).

De este modo, en el proceso intelectual de Leticia de Oyuela, al combinar la historia del arte, la historia regional, de las mujeres y de la religiosidad popular, deviene en la necesidad de entrar en un campo inédito dentro de la historiografía hondureña como es el de la historia de las mentalidades.

No es pues el acaso que Leticia de Oyuela nos presente este nuevo libro: El Naïf en Honduras, elaborado y publicado con el patrocinio de la UNESCO, la Secretaria de Cultura, Artes y Deportes y la AECI.
Este trabajo tiene un objeto de estudio muy bien definido “la importancia del Näif como raíz y búsqueda del arte nacional”. Por ello para la autora establece unas premisas para la realización de este estudio: en primer lugar, ni todo el arte y la pintura popular hondureña entra en concepto de Näif, y en segundo lugar, ubica a otras expresiones artísticas que se han desarrollado a lo largo de la historia de Honduras dentro de esta concepción del arte.
El libro responde a una investigación y estudio de la historia de este arte en Honduras en el sentido que rastrea desde los antecedentes remotos prehispánicos, pasando por el periodo colonial, el siglo XIX y especialmente el siglo XX hasta aproximarse al siglo XXI. En esta búsqueda la autora descubre lo descocido y nos presenta a figuras como Don José Expectación Navarro y Saúl Toro representantes de este arte. Precisamente porque para la autora, el estudio del Näif en Honduras no es aproximarse al arte por el arte, ya que “el Näif hondureño es sin duda el reflejo más profundo de su misma creatividad, que se destaca en el manejo sobre todo del follaje que signa aún nuestras forestas y el gran genio que rodea nuestras tradiciones y costumbres”.

Desde esta perspectiva, este libro puede leerse como una especie de sociología de la vida cotidiana y de la cultura popular hondureña. En la misma línea que Rafael Heliodoro Valle que observo como José Antonio Velásquez capto el paisaje humano hondureño cuando expreso:
“Tierra verde, pinos, tierra de numerosos pinares, bajo un intenso cielo azul, en el que nació su bandera. Cielo turquí, tierra verde, toda la gama biológica y poética del pino. Y allá en el fondo de los pinares, los pueblecitos blancos que parecen alfeñique. Así están en la biografía mínima de Honduras trazada por su pintor José Antonio Velásquez”.

El autentico Näif para Oyuela no es el que se elabora de manera ingenua o reproductora, sino aquel de quien tiene la visión de captar y entrar en los ethos propio de los hondureños y hondureñas, por ello en este libro no se celebra ni se recoge toda pintura popular como arte Näif; por el contrario la autora advierte como en el país: “Han surgido nuevos nombres en esa amplia confusión que existe entre la pintura ingenua, también llamada primitiva, que es una forma casi estatal de ocultar la cantidad de chapuceros que se esconden bajo ese tipo de pintura turística, que el público ha llamado chocarreramente “para gringo llevar”, que el día de hoy atiborra la mayoría de tiendas que se llaman de artesanías y regalos”.

El ethos, como carácter y modo de ser de los hondureños es representado para Leticia de Oyuela en la obra de José Antonio Velásquez, Teresita Fortín, Roque Zelaya y adscribí a esta búsqueda al trabajo, por un lado, del verdaderamente autodidacta de José Expectación y por otro lado de Saúl Toro, exponente este último para la autora de un “primitivismo manifestado en un lenguaje contemporáneo, que se defiende con sus ideas que impone el color y una forma no convencional que ilustra ampliamente su discurso vital”.

Sin embargo, también la autora invita en esta obra a revisar y dar seguimiento a la pintura regional y el esfuerzo de muchos jóvenes que deambulan por las calles de Tegucigalpa mostrando su obra y su quehacer.

De esta nueva obra de Leticia de Oyuela se puede seguir diciéndose –citando a su recordado amigo Franco Cerutti-: “la erudición va del brazo de la intuición, la reconstrucción documental se acompaña de la acuciosidad de las acotaciones críticas, el gusto del detalle, de la capacidad de síntesis”. Todo esto, como ha dicho Julio Escoto, en “compartida soledad”, pero “la soledad del creador: minúscula, portátil, personal e intransferible, gustosa y gozosa al revelar un nuevo talento, al manosear el manuscrito que, ilegible, revelará sin embargo misterios bajo la lupa, la soledad creadora del artesano, del orfebre semiciego que abotona los metales con el palpo caricioso de los dedos y que con ellos ofrece una nueva obra, una nueva gesta del pensamiento a la humanidad”.