Literatura latinoamericana: Abordaje del tiempo en dos momentos literarios
María del Carmen Mauro

Resumen

Recibido 26 de abril de 2007
Aceptado 1 de junio de 2007

La literatura como parte del fenómeno cultural refracta coyunturas histórico-políticas y socio-económicas que señalan una diferenciación en los recursos técnicos de la escritura de un texto, en cuanto al tratamiento del tiempo en el mundo narrado en dos momentos de la producción literaria latinoamericana: en la llamada “nueva” novela latinoamericana o Boom, de los años 60; y en la novela contemporánea postmoderna, de los años 80 hasta hoy. En ambos momentos, el tiempo es eje piramidal de los relatos, no obstante, los recursos estéticos apuntan una marcada diferenciación, debido a los contextos histórico-políticos y a los paradigmas culturales de cada uno de los momentos en que las novelas fueron escritas.

Palabras clave: Literatura - Latinoamericana - Tiempo - Novela - Boom - Postmoderna

Abstract

Literature as part of cultural phenomenon refracts historical, political, social and economic conjunctures that point out a difference in the technical resources of writing a text, regarding to the process of time in the narrated world in two moments of literary Latin American production: in the so called “new Latin American novel” or Latin American Boom”, in the sixties, and in contemporary postmodern novel, in the eighties and until now a days. In both moments, time is marked difference due to the historic and political contexts and to the cultural paradigms of each one of moments the novels were written.

Keywords: Literature - Latin American - Time - Novel - Boom - Postmodern

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El siglo XX comienza en América Latina bajo crisis sociales y políticas, así también se anuncian signos en la literatura: en primera instancia aparece un escritor crítico y en segundo lugar los signos de la modernidad para expresar, una violencia organizada del lenguaje - como la llaman algunos estudiosos-, que es la literatura. Nacen los movimientos de vanguardia en la inserción de la cultura urbana y cosmopolita, frente a la cultura rural más estable y conservadora, en relación con el impacto de la revolución industrial europea, en ciudades pre-industriales latinoamericanas, en las que empezaba a desarrollarse una incipiente tecnología en las comunicaciones con la radio, la telegrafía, el teléfono, el ferrocarril, la electrificación en las zonas urbanas, la fotografía y el cine.

Más adelante vendrán coyunturas como la II Guerra Mundial que generarían cambios en el clima estetizante que antecedía: el modernismo, el realismo, el surrealismo. Se daría un cambio semántico en la retórica del texto por la situación contextual.

El principio de ruptura, de creación de escritura, que trascendía las limitaciones del orden establecido, propuesto por los vanguardistas en su visión de mundo, marcaría en gran medida la producción literaria posterior.
Aún autores como Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias y Augusto Roa Bastos, que estuvieron en París durante los años del movimiento surrealista, interpretaron “lo maravilloso” de una manera totalmente distinta a los surrealistas europeos, esto por cuanto procedían de zonas pre-industriales, como se explicó anteriormente.

De ahí que Carpentier señale en un ensayo escrito en 1943, después de su viaje a Haití que:

“A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de la América entera donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en la historia del Continente” (Jean Franco, 1975: 360).

En la narrativa de los años 50, Juan Carlos Onetti crea la ciudad de Santa María y tras de él otros autores crean personajes, personajes que crean ciudades, ciudades donde erigen estatuas a sus fundadores, fundadores que escapan a sus autores; de esta manera la saga de Santa María se convierte en protagonista de la llamada “nueva” novela latinoamericana o “Boom” de los años 60-70.

Del realismo mítico de Miguel Ángel Asturias, de lo real-maravilloso de Alejo Carpentier, del realismo fantástico de Juan Rulfo, hasta fundirse en el realismo mágico de Gabriel García Márquez.

Es este último por sus características en el manejo del tiempo en el mundo narrado, el que interesa a nuestra reflexión, para poder observar más delante de qué manera se estructura el tiempo en el mundo narrado de la novela postmoderna.

Según Isaías Peña Gutiérrez, el realismo mágico se dirige primordialmente hacia un comportamiento del lenguaje y los niveles de la composición narrativa como otra posibilidad de crear juegos ficticios. El autor(a) transgrede la materia prima y su fidelidad es con el texto mismo. A su vez, este comportamiento autónomo del lenguaje se acompaña con niveles similares de composición argumental. Se rompe la linealidad de la historia y la aproximación a la realidad se diversifica hacia dentro y hacia fuera, busca la totalidad hacia atrás y hacia delante en el tiempo, porque importa crear un espacio y un tiempo coherentes. La imaginación inunda las estructuras narrativas hasta convertirlas en entidades autónomas. Todo nace fraccionado y luego se montan las distintas fracciones, secuencias o niveles. Se utilizan todos los recursos psicológicos, mecánicos, intuitivos, históricos, reales, para hacer coherente cada montaje. Una de las mayores ganancias ha sido la predisposición hacia una narrativa totalista desde diversos ángulos, en una sola obra varias generaciones, en la integridad de la vida, en la vida individual y colectiva, en la lucha social de todos los estratos sociales, que parte de una nacionalidad amorfa, o sea, la historia total con todo y sus dictadores. Las sociedades urbanas se alcanzan desde múltiples lentes que dan cuenta de sus decadencias individuales, correlativas a crisis sociales, financieras o políticas. El sentido mítico de la colectividad y la combinación de las intimidades del individuo con la mitología colectiva, imprime signos particulares a esta narrativa, en la intemporalidad y ubicuidad heredadas de las leyendas míticas de las latitudes latinoamericanas (Peña G., 1992: 230-231).

A finales de los años 60 la guerra del tiempo aparece en la literatura latinoamericana. Los tiempos y espacios múltiples se alternaron y alteraron para fraguar historias de uno o varios personajes con diversos puntos de vista narrativos.

En Cien años de soledad, García Márquez consiguió implicar tres tiempos en una sola apertura:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” (García Márquez, 1967:1)
Aquí también el tiempo logra alcanzar varias generaciones, en un continum histórico, y con ello el sentido mítico de la colectividad se hizo presente en la narrativa.

De ahí la importancia concebida a la construcción de la ciudad imaginaria de Macondo, la cual fue elaborada y madurada por García Márquez mediante un largo proceso de escritura que inició con los relatos: Siesta del martes (1948), La hojarasca, primera novela (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1962), La mala hora (1963), los cuentos Los funerales de la Mámá Grande.

El aislamiento de Macondo, cuyo único contacto externo son los gitanos, no dura mucho, pues aunque sus relaciones con el mundo exterior son anacrónicas, el progreso llega cuando aparece el corregidor, deben tomar parte en una guerra civil, se construye el ferrocarril, llega la compañía bananera con administración extranjera, hay huelgas, la compañía bananera se retira y Macondo vuelve al aislamiento. Ciclo del progreso y del neocolonialismo. (Jean Franco, 1975: 396)

Es así como uno de los aspectos más importantes de Cien años de Soledad (1967) es su ruptura con la realidad, utilizando el mito como fuente de la ficción y del relato fantástico, recreando mágicamente el pasado.

Junto con lo anterior, lo onírico, la ensoñación y el delirio se convierten en realidad, lugar donde la locura y la razón entran en una relación reversible.

El tiempo se desdobla en un tiempo mítico, de repetición delirante a su vez en un tiempo único, comprobado por la forma de la fábula, coincidente con la vida de los personajes, en donde cuenta también el tiempo profético, que describe un presente anunciado que ha borrado un pasado de la vida de los pueblos como sucede en: Santa María, Macondo, Comala, Imala, Santa María de la Bendición.

Puntos de salida y llegada de la narración son establecidos con precisión, pueblos perdidos en un desierto anónimo, localizados en algún punto existente en la frontera que separa la realidad de la imaginación.

En estos traslapes del tiempo, los fenómenos conscientes no pueden tener existencia empírica, sino bajo la forma de asociaciones entre representaciones de palabras. El sujeto hablante, al estilo lacaniano, está limitado en su decir por lo “no dicho” y por lo “no decible” de su inserción en la sociedad humana en general y en alguna formación social en particular (Braunstein, 1986)
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El tiempo se convierte en purgatorio, la vida de los personajes no está aquí ni ahora, sino en algún lugar del pasado, o en otro del futuro, el más allá. Entonces el tiempo, su tiempo, adquiere distintas dimensiones, como le ocurre a los encarcelados o a los locos, viven el tiempo del recuerdo entre el pasado y el presente.

Entre estas fronteras fundamentales, por su calidad plurisignificativa, se desbordan las relaciones de poder en conjuntos de procedimientos que forman parte de las prácticas sociales (Foucault, 1998).

El realismo mágico, afirma una autenticidad ideológica, en relatos míticos, de apasionado testimonio, de visiones fantasmagóricas. Las relaciones entre el sueño y la vigilia, confrontan la densidad ontológica, la ancestral incertidumbre. La recuperación de la conciencia histórica en la geografía latinoamericana.

En contraposición a lo expuesto anteriormente, la literatura contemporánea postmoderna conlleva otros problemas y características temporales.

El postmodernismo como fenómeno histórico, que surge en condiciones específicas con el advenimiento de la sociedad postindustrial y paralelo a la globalización económica, se constituye en rasgo pertinente de la cultura, por lo que tanto Baudrillard como Lyotard y Jameson sostienen que el discurso postmoderno es una reflexión que intenta pensar la cultura contemporánea a partir de la II Guerra Mundial, presente en el proceso de la denominada “crisis de las humanidades”
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Las transformaciones paradigmáticas que han venido dándose, en el contexto latinoamericano, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se deben a dos fenómenos concatenados: la globalización y el postmodernismo, cada uno con características propias, pero dependientes uno del otro.

Respecto del primero, pese a su discurso homogeneizador y propiamente económico, las diferencias en los niveles histórico y locales persisten, debido a que las estrategias de poder globalizantes son insuficientes para abarcar todo y a todos, y porque su modo de reproducirse y expandirse necesita que existan diferencias entre la circulación mundial de las mercancías y la distribución desigual de la capacidad política de usarlas: en otras palabras, que el centro no esté en todas partes.

Por otra parte, la desigualdad que crea la exclusión, a su vez impulsa a los excluidos a revitalizar sus particularidades, divergentes con la homogeneización, que se expresan en relatos y creaciones artísticas, procedimientos contradictorios con las políticas globales, correspondientes con peripecias de la desigualdad y la necesidad de los subalternos de irrumpir en los flujos totalizantes con afirmaciones propias y de lo propio, con evidencias histórico-políticas de la subalternidad (García Canclini, 1995).

Con respecto del postmodernismo, como fenómeno cultural, éste identifica diversas alternativas de resistencia que vehiculan la materialización de nuevas posibilidades en las artes y por ende en la literatura, tanto en los géneros literarios (literatura testimonial, poesía conversacional, etc.), así como su planteamiento desde distintas perspectivas entre ellas la étnica y la de género. Esto por cuanto al ser un movimiento de ruptura, desaparecen las antiguas fronteras establecidas por la modernidad, que aparecen ahora difuminadas en nuevos tipos de escritura, con otras formas, categorías y contenidos.

Según Alfonso de Toro, El ámbito de la filosofía proporciona rasgos generales de la postmodernidad en tanto que ésta se despide del racionalismo cartesiano y también de la metafísica para dar paso a la preferencia por la pluralidad de paradigmas concurrentes:
“a la diferencia, a la diseminación, a la heterogeneidad, a las distribuciones nómadas, a la reconstrucción, a la interculturalidad e intertextualidad, al discurso, al antagonismo “. (de Toro, 1990:76).

De acuerdo con este autor:
“la literatura postmoderna tiene la tarea de llenar vacíos entre los límites de la cultura establecida y canonizada y la subcultura, entre la seriedad y la risa, entre las belles lettres y el pop-art, entre la élite y la cultura de masas, entre la crítica y el arte, entre el artista y la crítica, entre el arte y el público, entre el profesionalismo y el diletantismo amateur, entre lo real y lo maravilloso/mito”. (de Toro, 1990: 76).

Tal como lo propone Welmer, se define un nuevo realismo o subjetivismo en la literatura, en la que sin embargo, se conserva una lógica interna. Un escritor está en la misma posición que un filósofo, el texto que escribe no está gobernado por algo ya existente y tampoco puede ser juzgado con categorías conocidas. Tales reglas son más bien las que el texto busca. Por tanto, los escritores trabajan sin reglas, más bien trabajan en orden a establecer reglas de lo que habrá de ser producido. Lo que niega las categorías o reglas establecidas por el movimiento anterior (Welmer, 1990).

En lo que también, como afirma Lyotard, hay una negación a la representación estética, participa de un discurso, alusión a lo que puede ser pensado (idea profunda), pero no puede ser representado (Lyotard,1989).

Jameson reflexiona e interpreta, buscando el significado intertextual en el arte, la literatura, la pintura, visualizando sus diferencias de expresión de un mismo objeto, como parábolas epocales, en las que la alienación es desplazada por la fragmentación del sujeto y de su muerte, una sustituye a la otra para ser convertida, su representación, en la sociedad del espectáculo y del simulacro, por lo que se impone un nuevo tipo de lectura, en una organización intemporal y de distinta lógica espacial, esquizofrenia lacaniana. Hace la sugerencia de construcción de una nueva cartografía cognitiva que intenta dotar al sujeto individual de su lugar en el sistema global (Jameson, 1996).

Swanson señala que “los conceptos del post boom y hasta los conceptos postmodernos latinoamericanos están ligados a las cuestiones de la intelectualidad y el transnacionalismo cultural de dos tendencias muy amplias, una de ellas conectada con el contexto del juego, con la cultura popular, y otra, más comprometida con una especificidad cultural y política” (Swanson, 1997: 198).

En cuanto al tiempo, Balandier señala, que es necesario partir del principio según el cual si toda sociedad se encuentra en el tiempo, comprometida en una historia, el tiempo está en ella, adquiere omnipresencia, ejerce una acción constante sobre ella. De acuerdo con ello hay temporalidades sociales múltiples y diferentes, generadoras de discordancias: el tiempo lento que corresponde a lo sagrado, a lo religioso, pasado fundante, de conformidad con los ordenamientos culturales y las emociones; otro más rápido correspondiente a las ciencias y a las tecnologías de aplicación informática y comunicacional, que afectan al ser humano en su relación con la realidad y lo sensible; y el tiempo de los movimientos sociales (Balandier:1989).

La temporalidad actual es tanto compuesta como fragmentada. La percepción del tiempo se manifiesta en figuras e imágenes múltiples y diferentes según los objetos o las objetivaciones que mueven al escritor(a), tiempo ilimitado, de retracción, de información, de rompimiento con el simbolismo y las ritualizaciones. La cotidianidad, las máquinas, las imágenes y lo imaginario son temporalidades vividas de manera rápida y fragmentaria al interior, en individualidad y trascendidas del escritor a la escritura, al texto, en una suerte de vaciamiento ontológico.

El espacio y los límites, las fronteras, se transforman, se permeabilizan en conjunción con el tiempo, en una infinidad de momentos, en donde personajes y lugares viven el instante, y la experiencia del tiempo parece detenerse sin parar de correr, en un eterno y efímero presente.

La urgencia define, entonces, los modos del tiempo en el re-encuentro con el pasado, con la búsqueda de lugares en la memoria para re-ordenar las identidades colectivas e individuales en el caos. Con un lenguaje en frases cortas, de rápida lectura o totalmente ininteligible, en una especie de esquizofrenia en puntos de colores y de luces, que dejan abierto el texto a la mirada furtiva o a la interpretación intertextual.

De esta manera, en la lectura deconstructiva de la novela Donde van a morir los elefantes (1995) de José Donoso, observamos que en la conformación del enunciado, existe la ausencia total de temporalidades.

La estructura del texto es construida en segmentos temporales superpuestos que expresan la fragmentación; de tal forma que el discurso de los Massmedia irrumpe en el relato y rompe la secuencialidad para establecer un presente continuo, a la vez que crea una realidad desconocida para los protagonistas. El autor construye una imagen de lo sucedido, entre tanto ésta se complementa con otra simultánea, distinta y efímera, dada desde el televisor; a esto se suma la aparición de elementos históricos en el discurso, los cuales interfieren entre la ficción y la realidad, concatenados en un mismo nivel del enunciado:
“El televisor estallaba en fogonazos lívidos… Pero la caja idiota no era capaz de emitir más que graznidos electrónicos, rayos fosforescentes que se apagaban en cuanto una nueva imagen inconclusa fundía la anterior. … Habían sido espectadores remotos de la fechoría: babear de miedo ante sobrecogedoras imágenes televisivas no es lo mismo que vivirlas” (Donoso, 1995:16-17) -
De esta forma, los planos traslapados y simultáneos del tiempo (presente/pasado/futuro), construyen una identidad disociada entre el caos, el orden y el poder.

El interés de esta novela reside en la interacción de la superficie con lo que está en el telón de fondo, los escamoteos de las voces, las identidades totalmente desgastadas, erosionadas, en el discurso intertextual, lo ficcional que contiene lo histórico y viceversa. La diégesis del relato oscila entre el caos y el orden en donde se involucran lo estético y lo ideológico subyacente.

La primera visión del pueblo es distorsionada y está expresada mediante una serie de metamorfosis y la ruptura del significante/significado acota complejidad textual que se complementa con una imagen surrealista, que construye asociaciones sensoriales, no obstante es una percepción subjetiva que re-construye un modo de construcción discursiva en la que se puede apreciar el desarraigo y el problema de la identidad:
“Para él San José era un vacío, sin la marca de hierro al rojo ni esos misterios que las palabras van acumulando, brizna a brizna, como un zorzal de garras amarillas que construye nido” (Donoso, 1995: 148)

El discurso distorsiona la realidad, y la transforma hasta el punto en que la subjetividad y la objetividad se confunden. De esta manera los límites entre la racionalidad y la irracionalidad se rompen y con ello las convenciones narrativas y sociales a través de la confusión formal entre distintos planos del relato, que da como resultado una metadiégesis, pues mientras la focalización se mantiene, el narrador se diluye y aparecen distintos microrrelatos (discurso fragmentado), el travesti, el feminista, el académico, además del irónico, por eso es en las universidades de Estados Unidos “donde van a morir los elefantes”, es ahí el lugar donde van a morir los intelectuales latinoamericanos, tragados por esas universidades y entonces surge el tiempo del recuerdo de sus raíces conjuntado con el tiempo lento de las investigaciones y el rápido pasar del tiempo del día a día, constante presente, de las tecnologías, realidad virtual que pasa a formar parte del caos y re-ordenamiento cotidiano:
“¡Qué infierno es este ambiente de universidad yanki! Con razón dicen que en Estados Unidos las universidades son los sitios donde van a morir los elefantes. (…) Vuélvete antes de que sea demasiado tarde y ya no sepas prescindir de esta dieta de placebos engordadores y te conviertas tú también en cadáver de elefante. (…) destino casi peor que ser un escritor latinoamericano en París”. (Donoso, 1995: 100).

Saramago apunta, que en la compleja obra de Donoso el vértigo y la trascendencia son los elementos que dan un carácter sin igual a su escritura, que deviene de su revolucionario trabajo sobre la estructura y la trama interna (Saramago, 1997: 24-31).

Tal como el propio Donoso apunta acerca de sus últimas novelas (postmodernas), éstas:
“…tienen que ver con la confusión entre el acto del narrador y lo que se narra, pero en otro nivel preservan el significado sociológico y de alguna manera político” (Phillip Swanson, 1997: 196-209).
Con esta aseveración de Donoso, confirmamos el señalamiento de Jameson, en tanto que “toda postura ante la postmodernidad en la cultura, también es necesariamente, una postura implícita o explícitamente política ante la naturaleza del actual capitalismo…” (Jameson: 1996).

Así, en el acto de narrar los escritores postmodernos toman posición política ante un nuevo tipo de sociedad postindustrial, de consumo, de los media, de la informática, de la electrónica o alta tecnología, con el propósito ideológico de mostrar que esta nueva forma social, ya no obedece a las leyes del capitalismo clásico, sino que la postmodernidad, como una dominante cultural, permite la presencia y coexistencia de un abanico de rasgos distintos.
De ahí que narradores, acontecimientos, personajes, espacios y tiempos se enlazan y desenlazan en una misma instantánea, que a su vez se desdobla, altera y fusiona el tiempo del presente~pasado~futuro de los protagonistas. Lo que también algunas veces nos hace dudar, si a quien leemos en un momento específico es el autor, el personaje o el narrador, pues esas distinciones no se palpan en la metaficción postmoderna, en la que se entrecruzan diversas metanarrativas (la histórica, la virtual, la social, la política, la económica, la cultural, la de los Massmedia, etc.)

Por eso, al leer algunos autores postmodernos da la impresión de incursionar en el espacio/tiempo establecido por los físicos mediante la teoría cuántica.

La ruptura de los límites en el ámbito temporal en la literatura post moderna latinoamericana, se percibe como “esquizofrenia” social, esto por cuanto desaparece la temporalidad clara, que se define en un presente continuo, contenido en la superposición de discursos, imágenes que adquieren diferentes lenguajes atravesados por los medios de comunicación de masas. La cultura de masas implica la ruptura de lo lineal, se construye un ámbito de citas permanentes. Lo sanciona todo y lo legitima en cuanto es admitido como un juego de lenguaje o lo estaciona en una especie de museo lingüístico. Es la refracción de las tensiones entre el caos y el orden de la sociedad postmoderna.

Las muchas rupturas del postmodernismo se refractan en diversos tipos de literatura y es por eso que, ocurre también, que en la literatura llamada de minorías, escrita por mujeres, indígenas y afrodescendientes, el manejo del tiempo es un tanto más individual y corresponde con aquellos intereses que se quieren resaltar.

O también, en otro tipo de literaturas más afines a la industria de la cultura, la literatura ligth y la paraliteratura, en que el tiempo se conduce de acuerdo con lo establecido o programado comercialmente.

Aún a sabiendas de que el realismo mágico fue estrategia y recurso determinante de las literaturas poscoloniales y que Fokkema apunte, que el código postmoderno, tal como se constató en los años 80, fue el primer código literario que circuló desde América Latina hacia Estados Unidos y Europa, el recurso centrado en los poderes mágicos de la temporalidad es tan diferente como podría serlo de una época a otra, no obstante, éste da continuidad al trabajo de producción literaria latinoamericana (Fokkema, 1984).

El manejo del tiempo en la literatura latinoamericana, en el marco de los años 60-70 y en la contemporaneidad se presenta de manera muy diferente y con objetivos distintos, para nombrar sólo uno, diremos que en los años 60 había una pretensión de convertirse en sujeto histórico; por lo que el juego del tiempo resultaba primordial; en la actualidad el tiempo reaviva el pasado como maestro interlocutor y como cordón umbilical, no obstante, las luces instantáneas de la tecnología informática, de simultaneidad del instante, de la realidad virtual, comminadas en la descentralización del ego, del sujeto, obliga a un tratamiento diferente del tiempo en los textos literarios y a la búsqueda del lugar del sujeto en el sistema global.

A la vez, la construcción discursiva implica un metadiscurso constante, que fragmenta el relato en microrrelatos y estos a su vez se vuelven sobre sí mismos, buscando su legitimidad, la cual emerge mediante la aplicación de la lectura deconstructiva, intercultural, intertextual, subjetiva, re-creativa, de la cual también extraemos una formulación ideológica subyacente:

“Nada tiene existencia mientras uno no lo cuenta, y cuando lo haces, ya es una existencia habitada por la imaginación del que narra” (Swanson, 1997: 242-243).

Conclusión

El tiempo, a pesar de las rupturas en diferentes épocas permanece como rey soberano frente al ser humano, en el ser humano y con el ser humano. Éste es aplicado y plasmado mediante diversos recursos, determinados por intuición o por emergencia, por los(as) escritores(as) literarios latinoamericanos, como tratamiento de la realidad circundante, de ahí que podemos determinar los recursos estéticos, utilizados para manifestar diferentes modos en el manejo del tiempo, en dos momentos literarios de la literatura latinoamericana.

En la novela del Boom, percibimos los signos que definen la especificidad de Latinoamérica y del ser latinoamericano, en una constante búsqueda por la identidad; aquí el tiempo lineal, profano, se enlaza con el tiempo mítico, circular y sagrado. Esta conjunción de historia y mito en los traslapes del tiempo es esencial en la construcción del sujeto histórico; de ahí la importancia del realismo mágico, en el que el mito impregna la vida cotidiana.

En tanto que en la novela postmoderna, el tiempo signa un eterno y efímero presente, mediante la tecnología de los Massmedia que marca la fragmentación del sujeto en la búsqueda de su lugar en el sistema global. La percepción del tiempo se manifiesta en imágenes múltiples y diferentes, según los objetos y las objetivaciones del escritor(a): tiempo ilimitado, de retracción, de información, de ruptura con el simbolismo y las ritualizaciones.

Bibliografía

Balandier, George. (1989) El desorden. La teoría del caos y las ciencias sociales. Elogio de la fecundidad del movimiento. Editorial Gedisa, España.

Braunstein, Néstor A. (1986) Psiquiatría. Teoría del sujeto, psicoanálisis. (Hacia Lacan). Siglo XXI, México.

Donoso, José. (1995) Donde van a morir los elefantes. Editorial Alfaguara, Buenos Aires.

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Fokkema, Douwe. (1984) Literary History. Modernism and Postmodernism. Ámsterdam, Philadelphia.

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García Márquez, Gabriel. (1967) Cien años de Soledad. Buenos Aires

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Welmer, Albrecht. (1990) “La dialéctica de la modernidad y postmodernidad”. Picó Joseph. Modernidad y postmodernidad. Alianza Editorial, México. XXX. 70-82

Currículo

Autora
María del Carmen Mauro Valldeperas

Títulos
Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana con Mención en Literatura
Maestría en Estudios Latinoamericanos

Experiencia laboral
Profesora. Sección de Comunicación y Lenguaje. Escuela de Estudios Generales. Universidad de Costa Rica.
Coordinadora e investigadora. Proyecto de Revisión de oferta docente de Estudios de Posgrado. Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA). Universidad Nacional.
Coordinadora e investigadora. Jornadas de Encuentros de Repertorio Americano. Cátedra Joaquín García Monge. Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA). Universidad Nacional.

Teléfonos: 232-0773 / 817-654